
“No dejen que la hermosa Teherán se convierta en Gaza”, claman los ciudadanos de la capital iraní tras los bombardeos israelíes. En medio del caos, las calles se vacían, crecen las filas en panaderías y gasolineras, y muchas familias intentan huir. Las noches se vuelven largas y silenciosas, llenas de angustia.
Una joven, identificada como Donya, resume la desesperanza: “No queremos que Israel nos salve. Tampoco queremos la República Islámica”. La población civil se siente atrapada entre un régimen impopular y un enemigo externo con gran capacidad destructiva. “Pensé que esos líderes vivirían para siempre. Pero luego murieron también personas como yo”, relató otra mujer a la BBC, marcada por el dolor, el miedo y la rabia.
Los ataques al campo de gas South Pars aumentaron el pánico. Muchos temen que Israel busque colapsar la infraestructura nacional. Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió la evacuación inmediata de Teherán, intensificando el clima de alarma.
Las autoridades iraníes reportan más de 220 muertos, muchos de ellos mujeres y niños, desde el viernes. En Israel, los misiles iraníes habrían dejado 24 víctimas fatales. Las emociones oscilan entre la impotencia y la resignación, en una ciudad que ya no duerme.
