
El templo Shaolin, símbolo del budismo zen y cuna del kung-fu, quedó envuelto en un escándalo tras confirmarse la destitución de su abad, Shi Yongxin, conocido como el “monje CEO”. La Asociación Budista de China lo acusó de desviar fondos del monasterio para adquirir autos de lujo y de quebrar votos monásticos, manteniendo relaciones con varias mujeres y teniendo hijos ilegítimos.
En un comunicado contundente, las autoridades religiosas anunciaron la anulación de su certificado de ordenación, al considerar que sus actos “dañan gravemente la reputación de la comunidad budista”. El templo confirmó que las sospechas sobre malversación eran fundadas. El escándalo explotó en las redes sociales: una etiqueta relacionada en Weibo superó los 560 millones de visualizaciones en menos de 48 horas.
Shi Yongxin fue abad desde 1999 y lideró la globalización del “modelo Shaolin”, fundando empresas en el extranjero y ocupando cargos políticos. En 2015 ya había sido acusado de llevar una vida alejada del ascetismo budista, pero entonces el templo lo defendió. Esta vez, sin embargo, las autoridades decidieron actuar.
El caso pone en evidencia la tensión entre espiritualidad y poder, y deja claro que ni la tradición ni la política están por encima del escrutinio.
