
En el remoto Pipestone Creek, en Alberta (Canadá), yace uno de los yacimientos de fósiles más grandes de América del Norte. Conocido como “el Río de la Muerte”, este sitio guarda miles de restos de dinosaurios que murieron hace unos 72 millones de años, posiblemente por una catástrofe natural. La concentración de fósiles —hasta 300 por metro cuadrado— permite reconstruir parte del ecosistema prehistórico.
La mayoría de los restos pertenece a Pachyrhinosaurus, un herbívoro de cinco metros de largo con una cabeza ornamentada, primo del Triceratops. Científicos creen que una manada fue sorprendida por una repentina inundación durante una migración estacional. Las rocas muestran remolinos sedimentarios y marcas de agua que respaldan esta hipótesis.
Emily Bamforth, paleontóloga del Museo Philip J. Currie, lidera las excavaciones. “Creemos que esta manada fue arrasada por un torrente devastador”, explicó. Junto a estos restos, también hallaron fósiles de Edmontosaurus, otro dinosaurio herbívoro de gran tamaño.
El equipo de paleontólogos realiza las excavaciones en condiciones difíciles y con ayuda de perros entrenados para detectar osos. Los hallazgos son luego analizados en laboratorio para entender cómo vivían y morían estos gigantes.
Este tesoro fósil representa una ventana única al pasado y al misterio de una tragedia colectiva conservada en piedra.
